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"El país que nos habla" de Ivonne Bordelois


Para comentar esta lectura es preciso que comience con una cita de Roland Barthes: “¿Nunca os ha sucedido, leyendo un libro, que os habéis ido parando continuamente a lo largo de la lectura, y no por desinterés, sino al contrario, a causa de una gran afluencia de ideas, de excitaciones, de asociaciones? En una palabra, ¿no os ha pasado nunca eso de leer levantando la cabeza?”(Barthes, 2013, p 39). Al leer El país que nos habla de Ivonne Bordelois ‘levanté varias veces la cabeza’; es imposible no detenerse y reflexionar respecto a lo que plantea sobre el lenguaje. 

El libro aborda la problemática de la lengua y plantea un análisis desde diferentes puntos de vista; yo solo comentaré algunas de las ideas que desarrolla y las relacionaré con otras lecturas.

En el capítulo cuatro, presenta al lenguaje mediático y el académico como polos opuestos que, sin embargo, coinciden en un punto: ambos favorecen que el conocimiento pertenezca a unos pocos.

Bordelois aclara que “la administración de la ignorancia colectiva no es tarea trivial: se necesita mucho poder y mucha sutileza para llevarla a cabo" (p.154). Sostiene que requiere gran eficacia y astucia destruir los engranajes del lenguaje que precisan reflexión y claridad. Por supuesto, esto no es algo que nos resulte nuevo, sabemos que quienes manejan los medios de información (aunque hay excepciones), de entretenimiento y la publicidad buscan convertirnos en simples consumidores. No les interesa que razonemos, solo que continuemos consumiendo sus productos.

Respecto al lenguaje académico, Bordelois plantea que suele "bordear lo ininteligible, cuando no lo ridículo" (p.159). Afirma que en el ámbito académico "los participantes rivalizan en el empleo de una jerga impenetrable que atestigua su pertenencia al mundo superior de lo vanamente confuso y complicado” (p.160). La pregunta es, ¿por qué se esfuerzan en no ser entendidos? ¿Qué obtienen al utilizar palabras en extremo complicadas que solo unos pocos comprenden? Dante Panzeri, periodista argentino, en su libro Burguesía y gangsterismo en el deporte dice que existe un grupo de personas que se empeñan en hacer creer que lo que se dice con dificultades de ser entendido por las mayorías es lo culto, lo científico, lo sabio. 

Eduardo Galeano también reflexionó sobre este tema: "¿Será incomprensible porque es demasiado profundo lo que quiere decir? ¿Será que no puede ser dicho de otro modo y no puedo llegar a esas cumbres? ¿O será que todo ese palabrerío enmascara la nada, el vacío de decir? (...) ya que no podemos ser profundos, seamos complicados”. Es claro que todos en algún momento nos hicimos estas preguntas, en especial cuando nos sentimos excluidos por no comprender lo que leemos o escuchamos. Vale aclarar que existen ciertos temas que requieren un determinado nivel de estudio, no es correcto meter todo en la misma bolsa. Pero, tal como decía Galeano y Panzeri, existen situaciones donde las palabras complicadas solo escondan la falta de profundidad. 

Para Bordelois, lo que sucede con el lenguaje académico se debe a que se busca levantar una barrera para "excluir a aquellos que no han sido bendecidos con las revelaciones de la nueva semiótica" (p.161); y es parte de una política de marginación de la sociedad, que sólo busca preservar para unos pocos los privilegios de un dialecto que sirve de coraza para algunos y de confusión para otros.

Para marcar cierto contraste con los lenguajes que excluyen, Bordelois también escribe sobre la poesía: "cuando un poeta es verdadero, las palabras más coloquiales y sencillas, las rupturas sintácticas, los abruptos suspensos bastan para trazar la escena de la tragedia y conmovernos, sin alardes retóricos, sin hermetismos ni sentimentalismos. Estas pobres palabras talladas a cuchillo levantan de pronto un escenario imborrable, entre columnas de sólido silencio. Esto es lo que logra quien hunde la mano en las raíces del lenguaje y no es su propia vanidad. Pocos son en nuestros días los que así se atreven y así lo logran". (pp 203-204)

Al leer esto podemos coincidir en que para escribir poesía no es necesario utilizar un lenguaje en extremo complejo, pero debemos reconocer que no siempre es fácil comprender lo que nos quiere decir un poema. Siguiendo con esta idea citaré a Michel de Montaigne, quien en su ensayo Catón el joven, dice: "(la poesía) es más fácil hacerla que conocerla. En alguna escasa medida, es posible juzgarla por medio de los preceptos y el arte. Pero la buena, la suprema, la divina está por encima de reglas y razón. Cualquiera que distinga su belleza con una visión firme y segura, no la ve, como ve el esplendor del relámpago. No ejercita nuestro juicio: lo arrebata y devasta. El furor que aguijonea a quien sabe penetrarla, hiere también a un tercero al oírsela tratar y recitar". (p.298)

Queda claro que la poesía permite expresar infinidad de cuestiones y que incluso crea un lenguaje dentro del lenguaje. Tal vez por esto a veces nos cuesta dar con una definición que logre incluir todo lo que implica. Cortázar, en una de las tantas clases de literatura que dictó en la Universidad de Berkeley, dijo: "¿Quién ha podido definir la poesía hasta hoy? Nadie. Hay dos mil definiciones que vienen desde los griegos que ya se preocupaban por el problema, y Aristóteles tiene nada menos que toda una Poética para eso, pero no hay una definición de la poesía que a mí me convenza y sobre todo que convenza a un poeta. En el fondo el único que tiene razón es ese humorista español —creo— que dijo que la poesía es eso que se queda afuera cuando hemos terminado de definir la poesía: se escapa y no está dentro de la definición".

Para concluir, solo queda aclarar que en El país que nos habla se tratan otras cuestiones en torno al lenguaje, como la historia de la lengua de los argentinos, la presencia del inglés en nuestra cultura, el lenguaje de los adolescentes y el lenguaje en la música. Para quienes quieran profundizar sobre el lenguaje y la poesía recomiendo La palabra amenazada, también escrito por Ivonne Bordelois.



Bibliografía:

- Barthes, R. (2009), Susurros del lenguaje: más allá de la palabra y la escritura. Barcelona, España: Paidós

- Bordelois, I. (2006), El país que nos habla. Buenos Aires, Argentina: Sudamericana

- Cortázar, J. (2018), Clases de literatura- Berkeley 1980. Buenos Aires, Argentina: Alfaguara

- Panzeri, D. (2011), Burguesía y Gangsterismo en el deporte. Argentina: Capital Intelectual

- Montaigne, M. (2007), Los ensayos (según la edición de 1595 de Marie de Gournay). España: El acantilado

 







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