Al final de la novela hay una nota de la autora que dice: “Querido lector, quisiera pedirte un favor. Y consiste en que guardes silencio (…) te ruego que no reveles (…) porque, si se cuenta, se arruina la estructura, el ritmo y el misterio del texto”. Por supuesto, yo no voy a ir en contra de este pedido.
La carne es la historia de una mujer, curadora de arte, de 60 años que decide contratar a un gigoló para darle celos a un ex amante. Parece muy simple pero en realidad esconde varios temas, los cuales nos pueden resultar conocidos. El factor común es el miedo: el miedo al fracaso, a no ser querido, a la marginación social, a la muerte, la locura, a envejecer... todo esto narrado con mucho sentido del humor (la protagonista se llama Soledad Alegre, eso ya nos da una pista de cómo será el tono de la historia). Si bien las emociones que aparecen a lo largo de la novela no son tratadas en profundidad, Montero logra que nos pongamos en la piel de los personajes y rellenemos esos espacios vacíos.
El personaje de Soledad nos plantea el miedo al paso del tiempo y el arrepentimiento por no haber hecho ciertas cosas en el pasado. También es un claro ejemplo de misoginia, ella desprecia a todas las mujeres y constantemente las critica, pero parece no darse cuenta de esto (demuestra cómo la sociedad afecta nuestros comportamientos). Su odio es mayor hacia las mujeres escritoras, las envidia por no tener el mismo valor que ellas para dedicarse a escribir.
La relación que se desarrolla entre Soledad y Adam, el gigoló, va mutando contantemente y somos testigos de los cambios internos que sufren estos personajes. Al final de la historia son personas diferentes y, lo más importante, toman conciencia de sus actos.
Algo que resulta atractivo en esta novela, es la introducción de datos históricos sobre diferentes escritores, datos sobres sus trágicas vidas, sus desgracias amorosas, sobre sus pasiones descontroladas y los efectos que estas tuvieron en sus vidas. Toda esta información en introducida como parte de los pensamientos de Soledad, ya que ella debe preparar una exposición para la Biblioteca Nacional de España cuyo tema son los escritores malditos. Entre ellos están Philip K. Dick, Pedro Luis de Gálvez, Maupassant, María Lejárraga, Anne Perry… y también se mencionan algunas escritoras que figuran en otra obra de Rosa Montero, la cual recomiendo, Historias de mujeres.
“Ser maldito es saber que tu discurso no puede tener eco, porque no hay oídos que lleguen a entenderte. En esto se parece a la locura. Ser maldito es no coincidir con tu tiempo, con tu clase, con tu entorno, con tu lengua, con la cultura a la que se supone que perteneces. Ser maldito es desear ser como los demás pero no poder. Y querer que te quieran pero sólo producir miedo o quizá risa. Ser maldito es no soportar la vida y sobre todo no soportarte a ti mismo” (p. 24)
Estas palabras son dichas por Soledad, quien parece describirse más a sí misma que a los escritores de su exposición. Por eso es interesante la conexión que se genera entre las vivencias de los escritores malditos y las de la protagonista de La carne.
Vale la pena mencionar que una de las historias de los escritores malditos no es verdadera, es una invención de la autora. Josefina Aznárez es un personaje ficticio, pero es tan impactante su historia que fue utilizada para crear una obra de teatro: El caballero incierto.
Respecto al título de la novela, Rosa Montero dijo que hace referencia a “la carne que nos aprisiona porque no hemos escogido este cuerpo en el que vivimos, es la carne que nos enferma, es la carne que nos envejece, es la carne que nos mata. Pero también es la carne absolutamente maravillosa que nos hace rozar la gloria a través de la sensualidad, la sexualidad, del deseo”.
Una novela que nos hace pensar sobre el tiempo y cómo lo aprovechamos, sobre las decisiones que tomamos… También señala, de algún modo, cómo las vivencias de nuestra infancia pueden condicionarnos y afectar el tipo de vida que tendremos. Una historia atrapante, que trata con humor temas que muchas veces asociamos con valores negativos.

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